El espejo la devuelve incolora.
Necesita ahogar sus manos en el cuerpo de su amado y sentir su correspondencia sumisa y callada.
El vestido pesado duerme ahora en algún espacio poco importante de la habitación y al mismo tiempo entra luz de la calle inhóspita por unas hendiduras que reposan en la ventana añejada y volátil. Clara y amarilla le ilumina todo el ancho de la espalda, las marcas, los lunares, la columna vertebral.
Él duerme de espaldas.
Ella y su mano ansiosa atestada de hambre expectante apoyada sobre su masculina espalda. joven espalda. Acompaña con ella el ritmo de su respiración tranquila, apaciguada. Bailan juntos por un momento angustioso. Ella ya sabe lo próximo.
El amor transgresor y posesivo.
Sus uñas que entran en un vaivén equívoco, él grita, ella lo besa amorosamente, él que sangra y lucha y sangra y están entrelazados en un padecer que no es compartido. Los celos de ella, el desinterés de él. La sangre es mucha ahora, demasiada para unas manos de dama sin guantes ni bordados finos. Finalmente dejan de bailar.
Se pone el vestido.
Necesita ahogar sus manos en el cuerpo de su amado y sentir su correspondencia sumisa y callada.
El vestido pesado duerme ahora en algún espacio poco importante de la habitación y al mismo tiempo entra luz de la calle inhóspita por unas hendiduras que reposan en la ventana añejada y volátil. Clara y amarilla le ilumina todo el ancho de la espalda, las marcas, los lunares, la columna vertebral.
Él duerme de espaldas.
Ella y su mano ansiosa atestada de hambre expectante apoyada sobre su masculina espalda. joven espalda. Acompaña con ella el ritmo de su respiración tranquila, apaciguada. Bailan juntos por un momento angustioso. Ella ya sabe lo próximo.
El amor transgresor y posesivo.
Sus uñas que entran en un vaivén equívoco, él grita, ella lo besa amorosamente, él que sangra y lucha y sangra y están entrelazados en un padecer que no es compartido. Los celos de ella, el desinterés de él. La sangre es mucha ahora, demasiada para unas manos de dama sin guantes ni bordados finos. Finalmente dejan de bailar.
Se pone el vestido.





